A QUIEN SE LE OCURRA LEER
Empecé con este blog allá por el 2008 con el fin de pasarles apuntes y algunos materiales de estudio a mis alumnos de Física, Química, Tecnología o Matemática.
No lo usé mucho. Pero estos días, mirando que tiene muchísimas más visitas que mi blog personal Los apuntes del oso, me decidí a incorporar información para que pueda ser útil a alguien. Uno, dos o mil, no importa.
Así es que despacito voy a ir incorporando algunos de los materiales de trabajo, reflexiones y chirimbolos varios que fui generando o afanando en mis añares como docente.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Ritmo y movimiento en la tecnología



Artefactos, cosas de la cultura
Nacemos en un mundo pleno de artefactos[1]. Desde los albores de la humanidad, los artefactos −su producción, transformación...− nos definen como seres humanos. Muchos artefactos nos preexisten y conforman el paisaje en el que hemos nacido y nos hemos criado. El bebé con su chupete, su ropita, su cuna y demás, a diferencia de los animales, aparece en este espacio y en este tiempo bullente de artefactos; su presencia, sus sonidos, nuestra preocupación por ellos van configurando el espacio tecnológico cotidiano de tal manera que podríamos decir que inmediatamente naturalizamos lo artificial.
En esencia, no hay diferencias que no se refieran a la cantidad e intensidades, fenómenos similares sucedieron en todas las épocas. Artefacto que un día aparece[2], irrumpe, sorprende, quizá atemoriza, mañana es cosa de todos los días. Pensemos en los celulares, las computadoras y, retrocediendo, los aviones, autos, arcabuces, arco y flecha... Señores mayores que evitaban el contacto con el endemoniado control remoto cuando cambiaron el televisor, hoy se adueñan del mismo y acarician sus botones como a la panza de un cachorro...
Pero se verifica un fenómeno poco menos que extraño: existe la sensación generalizada de la perennidad de los artefactos en los niños y en no pocos adolescentes. Como regla general, reconocen que “no siempre hubo” tal o cual artefacto, pero los procesos de aparición les son esquivos. Los artefactos no parecen ser vistos como productos culturales. Antes bien, el mundo cultural −escuela incluida− prefiere demonizarlos. Que lo acomode fulano que entiende de esto,  yo lo uso pero cuando no anda no sé, estos aparatitos nuevos los maneja mi hijo que vos vieras cómo les agarró la mano, yo me siento de otra época con todo esto y mucho más.
Sin embargo, la creación de artefactos sí constituye un evento cultural en tanto se ven involucradas aquellas necesidades, búsquedas, deseos, de una comunidad humana que excede el mero concepto de invento, que pareciera domina la visión más generalizada. Las técnicas y tecnologías como producción humana situada, estructurada por el espacio y el ritmo del tiempo en que se generan merecen ser consideradas como tales.
Las discusiones de tipo epistemológico acerca de definiciones precisas de técnica y tecnología como expresiones particulares o Técnica y Tecnología como grandes áreas de producción humana no han terminado y, en cierta forma, definen los grandes debates de Tecnología o Educación Tecnológica como área curricular en la escuela. Sin embargo, es necesaria una cierta precisión al momento de emplear estos términos en su versión más acotada; es decir, al hablar de una técnica o una tecnología particular.
Según Abel Rodríguez de Fraga: “Entiendo por una técnica, a la unidad morfológico-funcional integrada por uno o más soportes (cuerpos y artefactos), por los programas de acción movilizados y por los conocimientos puestos en juego por los individuos participantes. Esta estructura,... corresponde a la de la mínima unidad técnica donde se expresa el sistema hombre-artefacto. Se diferencia del enfoque tradicional en el cual un artefacto aislado puede llegar a ser concebido como capaz de llevar a cabo una acción técnica. El concepto de (una) técnica, no alude a un sistema material sino a la estructura simbólicofuncional correspondiente, como debería ser entendida desde un enfoque cibernético-constructivista.
En cambio denomino tecnologías, siguiendo el criterio más empleado, a conjuntos de técnicas que comparten los mismos fundamentos o principios como cuando se habla de las tecnologías líticas, las tecnologías microelectrónicas, etc.”[3]

Las técnicas, estos programas de acción complejos, siempre están orientadas a un fin, es decir son orientadas teleonómicamente. Este es un rasgo esencial que se debe tener en cuenta al mirar las técnicas. Se podría decir que muchas veces nuestra formación escolarizada (y la de muchos especialistas) nos propone el enfoque causa-efecto del análisis científico cuando queremos adoptar una postura (una vez más) “científica” sobre cierto artefacto ignorando el aspecto funcional. Esto se opone a la más básica de las preguntas ante un artefacto nuevo que se nos presenta: “Y esto, ¿para qué sirve?” Lo mismo vale para las técnicas. Pregunta esencial: ¿para qué? Cada técnica individual debe responder a esta pregunta sobre los propósitos.
Una primera y fundamental distinción, entonces, se puede hacer sobre las miradas. Si bien se trata de una simplificación, nos ayudará a percibir los rasgos esenciales de estas miradas.


Elementos para pensar el ritmo y el movimiento en sistemas técnicos
El movimiento es propio de los sistemas técnicos, no existe sistema técnico en que no se verifique, desde los sistemas mecánicos en los que el movimiento constituye su razón de ser en tanto se busca por medio de sus transformaciones constituir sistemas que ejecuten modificaciones en determinados materiales, hasta los sistemas informáticos microeléctrónicos, donde se encuentra subyaciendo en todo el sistema distribuyendo flujos de energía e información, todas tecnologías descansan en el movimiento.
El ritmo, esa organización del tiempo que se percibe como estructura, permite establecer diferentes grados y perspectivas de análisis. Ritmo de producción, ritmo acelerado de desarrollo tecnológico, el ritmo en la frecuencia de un reloj de computadora, el ritmo en la liberación de gases, en las mediciones equiespaciadas.
Así pues no estamos exagerando los hechos cuando sugerimos que los monasterios -en un momento determinado hubo 40.000 hombres bajo la regla benedictina- ayudaron a dar a la empresa humana el latido y el ritmo regulares colectivos de la máquina; pues el reloj no es simplemente un medio para mantener las huellas de las horas, sino también para la sincronización de las acciones de los hombres… El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina clave de la moderna edad industrial[4].

Continuidad
La técnica se inicia con el hombre, constituye un proceso evolutivo a través del cual las técnicas más recientes proceden de las anteriores. Se apoyan en saberes empíricos avanzando generalmente por ensayo y error. Los saltos o mutaciones que experimenten ante el aporte de las ciencias no impiden la existencia de un proceso técnico.
En cada momento histórico, y muchas veces limitadas a un cierto territorio, las técnicas existentes interactúan entre sí condicionándose mutuamente, ya sea a través de refuerzos o interferencias, constituyendo redes dinámicas que caracterizan a cada zona y a cada época.

Cambio
Sin embargo, cuando decimos que las técnicas van evolucionando, notamos la presencia de cambios. Solemos escuchar hablar de grandes inventos que han cambiado la historia, como la imprenta, la máquina de vapor, la pila eléctrica, etc. pero es raro escuchar el comentario de cómo el pelapapas
Muchos de estos cambios se verifican como innovaciones y adaptaciones de sistemas preexistentes –tanto artefactos como procesos- que constituyen el sostén conceptual de lo nuevo.
Las adaptaciones constituyen usos de un artefacto en funciones distintas a las que fueron concebidos, pero también, y por sobre todo, la presencia de cambios en artefactos existentes para satisfacer demandas del medio.
Las innovaciones consisten la incorporación de novedades, asociadas a incorporación de nuevas funcionalidades o de aplicación de desarrollos científicos a los artefactos.

Duración y Permanencia
Las tecnologías existentes proceden como dijimos de desarrollos evolutivos que interactúan según las condiciones temporoespaciales y culturales del entorno. Suele concebirse a la Tecnología como una marcha lineal y ascendente donde cada nueva tecnología, dejando atrás a las otras (y sobre todo a los otros) vinculadas a ellas, fuera construyendo "el progreso". Así se naturaliza la idea de que habría tecnologías que superan y triunfan sobre otras, cuando esto quizás solo sea aplicable a los colectivos sociales que compiten produciéndolas y, en general, a la matriz darwiniana que ostentan la mayor parte de las sociedades contemporáneas. En ese contexto, también el lenguaje pareciera haberse puesto al servicio de esta confusión. La sola mención de que la educación promueva la enseñanza de "las nuevas tecnologías" se traduce automáticamente en una referencia a las tecnologías de la información y de la comunicación (más conocidas en todo el mundo como "TIC") y no a otras tecnologías igualmente relevantes.”
Es claro que las bases tecnológicas persisten, las funciones que suelen realizar los seres humanos van transfiriéndose a los artefactos. Las técnicas básicas de tratamiento de materiales (tracción, compresión, corte, taladrado, torsión, etc.) persisten aunque se desarrollan de manera diferente conforme a la generación de procedimientos en los que ciertas funciones se van transfiriendo a los artefactos (aporte de energía, control, etc.).
No se conocen técnicas o artefactos que se desarrollen prescindiendo de las tecnologías anteriores, por lo que constituye una falacia conceptual el sepultamiento discursivo que sufren los sistemas de técnicas que sustentan las actuales tecnologías.

Sincronía y diacronía
 Los sistemas técnicos no escapan a la diversidad cultural, pero tampoco a la diversidad económica vigente en el mundo actual. Mientras asistimos, como podemos a la generación exponencial de productos tecnológicos de última generación, tenemos comunidades que viven prescindiendo aun de lenguaje escrito y de técnicas de generación de energía que suplanten la tracción a sangre. En una misma región del país coexisten formas y sistemas de producción completamente diferentes o sustentados en diferentes tecnologías. Piénsese por ejemplo en la panificación, desde el horno de barro a los sistemas automatizados más sofisticados. Puede sugerir esto que el segundo elemento pertenezca a una tecnología superior porque se realiza una producción masiva en tiempos optimizados. Si bien esto es cierto, no invalida que el uso de estas tecnologías produce nuevos problemas que están lejos de solucionarse.
 Pensar técnicamente supone distinguir medios de fines anticipando éstos últimos a través de: en primer lugar, crear una estrategia a nivel de proyecto para luego llevarla a su ejecución. Para ello es necesaria una organización social que exige una diferenciación de roles y funciones constituyendo así la llamada fase instrumental.
La tecnología centra su atención en el cambio técnico, es decir, en el cambio del modo de hacer las cosas, los artefactos que se usan, los gestos que se emplean. Cambios en cantidad, en tamaño, en ubicación, etc.
Esta manera de estudiar las técnicas coincide con la idea piagetiana en que la acción es la que organiza y no la percepción, ya que las estructuras de los artefactos son en función de las acciones. De esta manera, si se es capaz de analizar las acciones, pueden transferirse, es decir, delegarlas en otras personas o en nuevos artefactos.
Aquí es necesario enfatizar que, a medida que se transfieren conocimientos a los artefactos, éstos se complejizan y a su vez se simplifican las acciones. Esto sólo es posible desde un enfoque sistémico de las técnicas, sistemas cuyos cambios se orientan a lograr mayor eficiencia, aunque es preciso destacar que la mayor complejidad en el artefacto genera una pérdida de la visión global del funcionamiento y  desconocimiento de la función de las partes en los usuarios.
La técnica es entonces, en principio, una capacidad de resignificar las cosas que nos rodean y la tecnología deja de ser una aplicación de conocimientos científicos y se perfila como una transferencia gradual de los sistemas corporales a las máquinas. La educación tecnológica debe tener como uno de sus objetivos centrales promover la toma de conciencia de esta realidad dando cuenta del modo en que la aceleración del ritmo de producción técnica hace necesario distinguir, para promover, el uso de tecnologías convenientes, de aquellas que han producido y provocan cambios medioambientales de tal magnitud que aunque se reduzca drásticamente la razón de crecimiento de producción, las consecuencias sean tan difíciles de reparar que ponga en riesgo las condiciones vitales del planeta.


[1] Artefacto: (Del lat. arte factus, hecho con arte). m. Obra mecánica hecha según arte [siguiendo técnicas]. 
[2] En este trabajo aparición no indica momento y lugar de invención sino la irrupción de un artefacto en una comunidad determinada, es decir, el momento en que su presencia comienza a modificar la conducta de los sujetos que de alguna manera se relacionan con él.
[3] Ob. Cit.
[4] Mumford, Lewis. Técnica y civilización.

1 comentario:

Comentá si te animás...